Tomás Méndez nació el 25 de julio de 1926 en Fresnillo, Zacatecas. Sus padres fueron Juan Méndez y María Sosa. Falleció el 19 de junio de 1995 a consecuencia de complicaciones diabéticas, infarto y embolia.
Su familia era muy pobre, su padre trabajaba como minero y en consecuencia, murió de tuberculosis. Tuvo varios hermanos y hermanas: Agripina, Ángela, Amanda, Antonio, Juan y Manuel. Todos ellos, conforme crecían, eran enviados a trabajar en diferentes casas. Desde niño fue muy alegre y trabajador. Creció en casas donde hacía labores de mozo y mandadero. Aún cuando iba a trabajar fuera de casa, por las noches volvía a dormir. Siempre recordó, con nostalgia, el cariño de su madre emocionada al verlo llegar, escuchándolo platicar del trabajo y dándole el dinero que le pagaban. Dormía junto a una ventana por la que observaba las estrellas y la luna.
Asistía a clases, era de buena memoria y facilidad de palabra. En sexto grado siempre tuvo la cualidad de dar las lecciones con simpatía. Consiguió trabajo en la Hacienda Proaño, donde vivían unos norteamericanos, dueños y jefes mineros. Tomás trabajaba con Joe Wright Terral. El hecho de portar el gafete de la hacienda, para él, era un gran reconocimiento.
Fue tan querido que prácticamente fue adoptado por el dueño y por su esposa, quienes le asignaron cuidar durante ciertas horas del día a su hijo de tres años. Un día, al ir a dejar la comida a la mina, el pequeño se dirigió a un montículo de arena cercano a las vías del tren, al parecer, resbaló y cayó a las vías. Su muerte fue inmediata. Los padres decidieron irse del pueblo no sin antes recomendar a Tomás en el hospital del que eran dueños. Aún era joven, pero lo aceptaron debido a esta recomendación. Ahí, desayunaba, tendía camas, ayudaba a los enfermos, lavaba utensilios, trapeaba pisos y, en ocasiones, ayudaba en el anfiteatro y hacía todo por aprender y por ser útil, llegando gracias a ello a ser indispensable.
Entre algunas de sus costumbres era silbar sus primeras composiciones, haciéndose acreedor a notificaciones de no silbar y no cantar en horas de trabajo… pero él continuaba. Precisamente en su tierra natal comenzó a componer, influenciado por su vida campirana y las costumbres lugareñas. Influencias evidentemente presentes en sus canciones. Un día dio a conocer su material al grupo musical local, que tocaba en fiestas y reuniones, y ahí conoció a una joven que aumentó su inspiración para componer.
En su juventud fue a Ciudad Juárez en busca de oportunidades, pasó un tiempo hasta que conoció a Gabriel Gómez, quien después le grabaría un acetato pequeño. Pasó un sin fin de contratiempos y regresó a su pueblo. Viajó después al Distrito Federal sin imaginar que ahí se quedaría. Al llegar fue llevado con su tío Felipe, portero de un edificio. Se quedó con él un tiempo y fue a vivir con su tío Clemente Sosa, donde una tía le invitó a acompañarle a la Basílica de Guadalupe. Se encomendó con fervor para ser compositor, ofreciéndole a la virgen una canción para el siguiente año. No faltó, desde entonces, a su cita anual del 12 de diciembre. Al regresar al año siguiente, había conseguido empleo como halador de aplausos en la XEW con Severo Mirón. La canción que dedicó a la Virgen en esa ocasión, fue interpretada por Lola Beltrán, durante varios años, junto con ‘Las Mañanitas’.
Trabajó en Cinebox Company como Ayudante de Productores cerca de la XEW. Convivió con Jefes de Escritores de los programas “Ley Mex”, “Gracias Doctor” y “La hora mejor, con mejoral”. Ayudaba en el Departamento de Radio compaginando y sellando guiones. Conoció a “Los Tres Diamantes” y los acompañó en su gira por Estados Unidos y Cuba como Maestro de Ceremonias. Luego se convirtió en su Secretario y les compuso una canción como agradecimiento. Hubo muchos viajes más, en uno de los cuales conoció a Mariano Rivera Conde. Dejó de trabajar con el Trío cuando iba a regresar a su pueblo, pero le sugirieron diera a conocer sus canciones. Recibió un anticipo de regalías y al poco tiempo sus canciones eran interpretadas con éxito por Miguel Aceves Mejía; mismo que le grabó muchas más.
Conoció a Lola Beltrán convirtiéndose en su compositor de cabecera. Para 1952 habían alcanzado el éxito: “La luna dijo que no”, “Habana”, “Que me toquen las golondrinas”, “Tres días”, “Puñalada trapera”, “Desafío”, “El tren sin pasajeros”, “Las rejas no matan”, y “Huapango torero”. Compuso “Gorrioncillo pecho amarillo”, “La muerte de un gallero”, y desde luego, “Cucurrucucú Paloma”.
Entre sus grandes intérpretes mexicanos estuvieron: Pedro Infante, Javier Solís, Lola Beltrán, Amalia Mendoza “La Tariacuri”, Lucha Villa, Miguel Aceves Mejía… y muchos más.
Y entre sus grandes intérpretes extranjeros le han cantado: Rocío Dúrcal, Nana Mouskouri, Julio Iglesias, Perry Como, Caetano Veloso… y muchos más.
Trabajó como escritor para televisión de libretos para programas folklóricos como “Dos gallos en el palenque” y fue galardonado en diversas ocasiones con diplomas, homenajes, discos de oro, etc.
Sus mayores satisfacciones fueron los logros obtenidos desde pequeño, las etapas de su infancia, sus composiciones, el cargo que ocupó en la Mesa Directiva de la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM), su familia y amistades.
El maestro tuvo cinco hijos: Mónica, Mirna, Tomás, Eduardo y Gabriela. Todos casados, excepto Eduardo, le dieron nueve nietos: Paloma, Mónica, Sergio, Guillermo, Mayté, Daniel, Yolanda, Tomás y María Gabriela.
Repertorio de Tomás Méndez Sosa
A LA CITA
A LOS QUINCE O VEINTE TRAGOS
ACAPULCO FRENTE AL MAR
ADIOS MARIANA
AMOR A MEDIA RIENDA
ANDO DE LUNA DE MIEL
ARENITA COZUMEL
AY EL AMOR
BAJO EL GUAYABO
BIENVENIDO CHAMIZAL
A LOS CUATRO VIENTOS
ADORABLE PERVERTIDA
ADIOS A LAS ROSAS
AMOR DE ORO
ANIVERSARIO AZUL
AY EL AGUACERO
AVES DE AMOR EN EL RÍO
BALA PERDIDA
BUITRES DE LA OCASIÓN